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La desinformación no siempre parece mentira

  • Foto del escritor: connectedguide
    connectedguide
  • 7 jul
  • 6 min de lectura
"El primer principio es que no debes engañarte a ti mismo, y tú eres la persona más fácil de engañar."— Richard P. Feynman

Hace algunos años, identificar una noticia falsa parecía relativamente sencillo. Los errores ortográficos, los titulares exagerados o las fuentes poco conocidas eran señales de alerta. Hoy el panorama es diferente.

La inteligencia artificial puede generar fotografías de personas que nunca existieron. Es capaz de producir videos en los que alguien parece decir algo que jamás pronunció y audios que imitan una voz con un nivel de realismo sorprendente. Al mismo tiempo, las redes sociales permiten que cualquier contenido se difunda a millones de personas en cuestión de minutos. En este contexto, la pregunta ya no es si veremos información falsa. La verdadera pregunta es si desarrollaremos las habilidades necesarias para reconocerla.

En ConnectEd creemos que la alfabetización digital del siglo XXI comienza entendiendo que la desinformación rara vez se presenta como una mentira evidente. Generalmente adopta la apariencia de algo creíble, familiar o emocionalmente convincente.

La desinformación no siempre consiste en inventar una mentira

Cuando escuchamos la palabra desinformación, solemos imaginar una historia completamente falsa. Sin embargo, la realidad suele ser mucho más compleja. Muchos contenidos engañosos contienen elementos verdaderos mezclados con información incompleta, sacada de contexto o presentada de forma manipuladora, por eso resultan tan persuasivos. No buscan convencer mediante la evidencia, sino mediante la apariencia de credibilidad.

Lo que dice la ciencia

Las investigaciones en psicología cognitiva muestran que las personas tendemos a aceptar con mayor facilidad la información que coincide con nuestros conocimientos previos, despierta emociones intensas o se presenta repetidamente. Este fenómeno explica por qué una afirmación falsa puede parecer verdadera simplemente porque la hemos visto muchas veces.

No todo lo incorrecto es desinformación

En el lenguaje cotidiano solemos llamar "fake news" a cualquier contenido incorrecto. Sin embargo, conviene distinguir tres conceptos diferentes:

  • Información errónea (misinformation)

    Es información falsa o imprecisa que se comparte sin intención de engañar. Por ejemplo, una persona reenvía un consejo médico que cree verdadero porque desea ayudar a su familia. No existe mala intención, existe desconocimiento.

  • Desinformación (disinformation)

Es información falsa creada o difundida deliberadamente para engañar, manipular opiniones o generar algún beneficio político, económico o social. Su objetivo no es informar, es influir.

  • Manipulación

No siempre implica decir una mentira. También puede consistir en seleccionar únicamente una parte de la información, sacar una imagen de contexto, utilizar un titular sensacionalista o presentar datos reales de manera que conduzcan al lector hacia una conclusión específica. En muchas ocasiones la manipulación resulta más efectiva que una mentira absoluta.

Pausa ConnectEd

Piensa en la última información que compartiste por WhatsApp o en redes sociales.

Antes de enviarla:

  • ¿Sabías quién era el autor?

  • ¿Habías leído el contenido completo?

  • ¿Verificaste si otros medios confiables hablaban del mismo tema?

Si respondiste "no" a alguna de estas preguntas, no estás solo. Todos podemos convertirnos, sin querer, en difusores de información errónea. La buena noticia es que este hábito puede cambiar.

Cuando una imagen ya no demuestra nada

Durante muchos años se usó la frase "ver para creer". Actualmente la inteligencia artificial generativa ha transformado nuestra relación con las imágenes, el audio y el video. Existen herramientas capaces de crear:

  • fotografías hiperrealistas;

  • voces prácticamente idénticas a las originales;

  • videos sintéticos conocidos como deepfakes;

  • entrevistas ficticias;

  • documentos alterados digitalmente.

Esto no significa que debamos desconfiar de todo, quiere decir que una fotografía, por sí sola, ya no constituye una prueba suficiente. La evidencia requiere contexto, fuente y posibilidad de verificación.

¿Qué son los deepfakes?

Los deepfakes son contenidos audiovisuales generados o modificados mediante inteligencia artificial para hacer que una persona parezca decir o hacer algo que nunca ocurrió.

Aunque esta tecnología también tiene aplicaciones creativas y educativas, puede utilizarse para difundir desinformación, cometer fraudes, dañar reputaciones o manipular procesos sociales. Por eso, cuando un video resulta extraordinariamente impactante, conviene preguntarse antes de compartirlo:

¿Quién lo publicó?

¿Existe la grabación original?

¿Algún medio confiable ha confirmado su autenticidad?

La velocidad nunca debe sustituir a la verificación.

Lo que dice la ciencia

Nuestro cerebro tiende a considerar más creíble la información acompañada por imágenes o videos, incluso cuando estos son irrelevantes o manipulados. Este fenómeno, conocido como efecto de superioridad de la imagen, explica parte del poder persuasivo del contenido visual en redes sociales.

Los algoritmos alimentan nuestras certezas

Las plataformas digitales están diseñadas para mostrarnos aquello que probablemente mantendrá nuestra atención. Si solemos interactuar con determinado tipo de contenido, el algoritmo interpretará que queremos ver más de lo mismo. Con el tiempo, comenzamos a vivir dentro de una burbuja informativa porque el sistema aprende de nuestras preferencias.

Así surgen las cámaras de eco, espacios donde predominan las ideas similares a las nuestras y disminuye el contacto con perspectivas diferentes. Esto puede hacernos creer que nuestra forma de pensar representa la opinión de la mayoría, cuando en realidad estamos observando un entorno cuidadosamente personalizado.

El sesgo de confirmación: nuestro mayor punto ciego

Existe una razón por la que la desinformación funciona tan bien ya que no solo aprovecha la tecnología, aprovecha la psicología humana.

El sesgo de confirmación nos lleva a aceptar con mayor facilidad aquello que confirma nuestras creencias y a cuestionar menos aquello con lo que ya estamos de acuerdo. En otras palabras, no compartimos únicamente lo que creemos verdadero. Con frecuencia compartimos aquello que deseamos que sea verdad. Al reconocer este sesgo nos hace más conscientes y menos vulnerables. .

Pausa ConnectEd

Haz un pequeño experimento durante esta semana:

  • Lee una noticia sobre un tema que te interese.

  • Después busca deliberadamente un medio serio que presente una perspectiva distinta.

No se trata de decidir quién tiene razón inmediatamente, sino de ampliar el panorama antes de formar una opinión.

La diversidad de fuentes fortalece nuestro pensamiento.

Cómo verificar información antes de creerla

No es necesario ser periodista para verificar información.

Existen herramientas sencillas que cualquiera puede utilizar.

Entre ellas:

  • Leer la noticia completa y no solo el titular.

  • Revisar quién la publica y cuál es su trayectoria.

  • Buscar si otros medios confiables informan lo mismo.

  • Comprobar la fecha de publicación.

  • Realizar una búsqueda inversa de imágenes para verificar su contexto.

  • Consultar sitios especializados en verificación de datos.

  • Preguntarse quién podría beneficiarse con la difusión del contenido.

La verificación no elimina la incertidumbre.

Pero reduce considerablemente la posibilidad de compartir información engañosa.

Herramientas útiles para verificar información

Estas son algunas herramientas ampliamente utilizadas por periodistas e investigadores:

  • Google Lens, para buscar el origen de una imagen.

  • Google Fact Check Explorer, para localizar verificaciones publicadas sobre afirmaciones específicas.

  • InVID & WeVerify, una extensión que ayuda a analizar imágenes y videos.

  • Sitios de verificación como AFP Factual, Reuters Fact Check, AP Fact Check y Snopes para contrastar afirmaciones que circulan ampliamente.

Ninguna herramienta sustituye el pensamiento crítico, pero todas pueden ayudarnos a tomar decisiones más informadas.

Las siete preguntas antes de compartir cualquier contenido

Antes de hacer clic en "Compartir", detente unos segundos y pregúntate:

  1. ¿Quién creó esta información y cuál podría ser su intención?

  2. ¿Qué evidencia presenta para respaldar lo que afirma?

  3. ¿Otros medios confiables coinciden con esta información?

  4. ¿La publicación despierta en mí una emoción muy intensa que podría estar influyendo en mi juicio?

  5. ¿Estoy compartiéndola porque está bien fundamentada o porque confirma lo que ya pensaba?

  6. ¿La imagen, el video o el audio podrían haber sido modificados o sacados de contexto?

  7. Si descubriera mañana que esta información era falsa, ¿seguiría sintiéndome cómodo de haberla compartido hoy?

La ciudadanía digital comienza con una pausa

Vivimos en un entorno donde compartir toma un segundo y verificar puede tomar algunos minutos. Sin embargo, esos minutos representan una de las contribuciones más importantes que podemos hacer a nuestra comunidad digital. Cada vez que verificamos antes de compartir, reducimos la propagación de la desinformación. Al buscar fuentes diversas, fortalecemos nuestro pensamiento crítico. Y cada vez que reconocemos que también podemos equivocarnos, contribuimos a construir una cultura digital más responsable.

En ConnectEd creemos que la mejor defensa contra la desinformación no es vivir con miedo ni desconfiar de todo, es desarrollar la curiosidad, la humildad intelectual y el hábito de hacer una pausa antes del siguiente clic.


La pregunta ConnectEd

¿Alguna vez compartiste una información que después descubriste que era falsa o estaba incompleta?

¿Cómo reaccionaste cuando lo supiste?

¿Qué podrías hacer diferente la próxima vez?

Conversar sobre estas experiencias nos recuerda que todos somos susceptibles de equivocarnos. La diferencia está en convertir esos errores en oportunidades para aprender.

Próximo artículo de la serie

¿Quién controla tu atención? Lo que las redes sociales saben sobre tus emociones.

Porque comprender la desinformación también implica entender por qué ciertos contenidos capturan nuestra atención con tanta facilidad.


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